Me has dicho que mis ojos te piden a gritos eso que me hace falta y te he preguntado qué es lo que me hace falta. Dices que no entiendes por qué me siento tan sola en medio de tanta gente. Por qué mis ojos vagan sin rumbo en medio de un cuarto lleno de música, alcohol y risas, no lo puedo negar me ha sorprendido demasiado lo que me has dicho. Jamás pensé que esta enfermedad que me mata desde que empezó mi existencia fuera tan obvia. Se te sale por los ojos me has dicho. He intentando mantenerte la mirada, pero no he podido. Me da miedo mirarte.
Mi soledad es mía, no tiene cura, no he encontrado una razón que justifique su presencia en mí, pero de una cosa estoy segura, ella no tiene planes de abandonarme. No puedes salvarme y aunque pudieras no te lo permitiría. Quizá quieres usarme; aprovecharte de lo que es tan obvio. No estoy sola, pero me siento sola. Me crees frágil, desesperada, a punto de caer, de ir corriendo hasta tu casa y tocarte la puerta a gritos pidiéndote que me salves. Lo siento, el rumbo de éste juego no seguirá el curso de tus deseos. Si alguna vez mi soledad me apremia iré a buscarte para desordenarte por dentro y sin remedio borrarte.
No eres mi héroe, ése que inventé, aquel que soñé. No eres él, ese que un día me salvaría de este vacío doloroso que se agudiza cada segundo. No, no eres tú. No habrá una oportunidad, ni una señal, ni un guiño ni un gesto de cariño de mi parte. No te voy a invitar a recorrer mi adentros. No vas a saborear mis temores . No vuelvas a buscarme no quiero tu consuelo. Contigo, no voy a conformarme. Si la vida ha sido injusta conmigo si yo no le hecho ningún agravio, necesito y merezco algo mejor. Tú no eres mi héroe. Me da vértigo escuchar de tus labios la palabra amor.