¿Y qué contarte mi amor? pues no sé, no quiero agobiarte con las pequeñas miserias de siempre. Ya sabes la vida no es lo mismo sin las pequeñas infamias, sin esos pequeños complots que se traman en la cocina. Me urge llegar, tengo que preparar las maletas. Me voy de viaje otra vez, sí otra vez. Me parece que nunca estoy, que llegó y enseguida me voy. Adiós, me marcho. Me marcho porque me agobio, me aburro, me apego demasiado a las ciudades, a la gente, a las calles. Te amo más que nunca cuando estás tan cerca. Me da miedo. Me da miedo tanto amarte, ser yo quien tenga que esperarte, cuando te vas de viaje, cuando buscas paz lejos de mí. Una desterrada del reino del Jamás, una refugiada del mundo, sin un puerto sin un destino. ¡Una infamia de la vida! He vuelto a partir.
No tengo patria no me detienen las fronteras, sólo tú me esperas. Siempre me esperas y yo vuelvo a ti y me vuelvo a ir. Me voy a estar sola para poder hablar conmigo. Las paredes de un lujoso cuarto son mis testigos. Me desarmo, se cae la mascara de la salvaje criatura, me miro al espero en esencia pura, me atormento en silencio buscando en mis adentros otra razón para partir. ¿Por qué me cuesta vivir? Nací para ser un ser sin rumbo, como barco a la deriva navego en este mundo. Tú me das luz y yo como un ciego tembloroso vuelvo a mi oscuridad. Y vuelven las mesas de cristal , las estancias frías, las camas vacías, la ganas de callar. Yo me aferro a un libro, me aferro a la poesía mas no a mi estadía. Sé que siempre estoy de paso. De paso por la ciudad de paso por esta vida. Volveré y sé que me has de esperar, yo voy a regresar, cuando me encuentre sin fuerzas cuando me sienta vencida, cuando se me haga imposible comenzar otra huida.