Y respiro profundo y vuelvo a respirar. Si tan sólo me pudiera escapar. Escaparme de tantos términos inútiles y complejos que carcomen mi estima. Si pudiera huir de esos fantasmas que están al otro lado. Nunca he visto sus caras, pero sé sus nombres. Yo también soy un fantasma para ellos, ignoran mis palabras, esas que les envío desde la distancia. Esas que supuestamente tienen un fin y que esconden detrás de si, la niebla que cubre mi maltrecha existencia. Para ellos nadie soy y no soy nadie. Escapar, siempre el mismo verbo resonando en mis adentros. Escaparme de la desidia, del aburrimiento, de la infamia, de las mentiras, del conformismo, del miedo, de la angustia, de la soledad, de la distancia, de los comentarios vacíos, de mis pensamientos destructivos, de mis vanidades fabricadas, de mis sueños de notoriedad, de mi alma torturada, de las sonrisas fingidas, de las verdades absolutas. Escaparme de los que me odian, de los que nunca me conocieron, de esos que no me van a conocer. Escaparme de los que alguna vez me quisieron, de esos que ya me olvidaron, de los que muy pronto me han de olvidar.
Escarparme, sí, eso es lo que quiero. Escaparme de esta rutina inútil de 8 a 6, de los 60 metros cuadrados, la aspiradora, los que quehaceres que se apilan en un rincón, la ropa sucia, los tacones debajo del sofá y los libros de ciencia apilados en la mesa de la sala. ¡Que inutilidad! Cuantos libros pude haber leído tumbada al sol, que gran sueño aunque ya no importa. Ahora estoy aquí con el aura nublada y me quiero escapar y doy un paso pero me detiene el miedo, el maldito miedo que es amante de la soledad. Ellos me detienen y a la vez me incitan a escapar. Se me ha olvidado respirar. A veces me salva soñar. Sueño que me voy, que huyo a ningún lugar, que no tengo miedo, que ya nada duele. Sueño que leo día y noche, me río porque ya me fui sin mirar atrás. Entonces ya nada importa, ni esos que me olvidaron, ni los pocos que me quisieron ni los fantasmas que nunca me conocieron. Y sigo soñando y me río y siento el sol y se va curando mi alma según desaparece el frío. ¡Boom! La realidad me golpea en la nuca, me despierto y me brota la angustia por los ojos, me arde la piel. Otra vez mi obscena realidad otra vez las ansias de escapar.