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Alma desnuda, la imitación de un diario, mis pensamientos desordenados y un pequeño trozo de mi locura

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Archivos de Alma Desnuda del mes de January 2010

Sigo viva

ene 20, 2010 Soliloquio Nikita | Agrega tu comentario

Aunque en el veneno que hay en mi alma,
se derritan mis adentros.
Aunque se evapore mi sangre,
no te tocaran mis palabras.
No escucharás el viento.
Tu ego ya no saboreara mis lágrimas.
Te ahorraras mis vanos soliloquios sobre el fracaso.
No te esperaré en el coche no te nublaré la vista.
Seguiré mi viaje, trataré de quererte un poco.
Mis llamadas no perturbarán tus sueños.
La señora de la limpieza, algún día será dama respetable.
Adiós a tus quejas y a mis ganas de escucharte.
Se acabaron los encuentros al atardecer,
tus elogios empolvados con mentira.
Duele, sigue doliendo siempre va a doler.
Salí corriendo para darte un beso,
encontré tus labios gritándome con desprecio.
Se me rompió el alma, el mundo, la vida.
No lo supe entonces, pero lo sé ahora.
Te vuelvo encontrar agazapado en mi memoria.
Duelen tus besos, tus caricias estudiadas.
Necesitabas vencer, verme mal herida, seguro te hizo bien.
Hacerme pedazos aunque fuera por un instante,
te dio fuerzas para empezar tu nueva vida.
¡Hijo de puta! ¡Cobarde!
Me jodiste la noche, me creíste vencida.
Agonizando en tu ausencia  me creí casi muerta.
Si un día me ves, mírame bien, mírame hondo.
Aún bajo estas ruinas sigo en pie y sigo viva.
No te voy a maldecir pues ni siquiera eso mereces.
Puedes jurar por tus huesos que no me arrepiento,
pues lo que un día me diste te lo pagué con creces.

 

 

Refugio

ene 09, 2010 Soliloquio Nikita | Agrega tu comentario

Tus brazos son mi refugio. Cuando se apagan las luces, mi cabeza roza tu pecho y exclamas tan sereno “Este es el mejor momento del día”. El café golpeando lentamente el fondo de las tazas y tu me cubres mientras me tumbo en el sofá. Te miro fijamente y tú de perfil te deleitas con cada sorbo mientras me acaricias los pies. ¡Ay mi refugio! Que bueno es tenerte aquí o mejor dicho que bien se siente estar aquí contigo, dentro de ti. Cada vez que pronuncias una palabra errónea con ese acento tan tuyo tan peculiar una risa imbécil me arde en el fondo de los pulmones y brota de mis labios como la más grande oración. Clamo a ti. Tú tan ajeno al mundo, tan torpe y seguro en cada movimiento, con el color de las manzanas jugosas en tus mejillas. Me has dado tanto y no haz pedido nada a cambio. A veces pienso que tu alma ya es inmune a mis mezquindades.

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