Aunque en el veneno que hay en mi alma,
se derritan mis adentros.
Aunque se evapore mi sangre,
no te tocaran mis palabras.
No escucharás el viento.
Tu ego ya no saboreara mis lágrimas.
Te ahorraras mis vanos soliloquios sobre el fracaso.
No te esperaré en el coche no te nublaré la vista.
Seguiré mi viaje, trataré de quererte un poco.
Mis llamadas no perturbarán tus sueños.
La señora de la limpieza, algún día será dama respetable.
Adiós a tus quejas y a mis ganas de escucharte.
Se acabaron los encuentros al atardecer,
tus elogios empolvados con mentira.
Duele, sigue doliendo siempre va a doler.
Salí corriendo para darte un beso,
encontré tus labios gritándome con desprecio.
Se me rompió el alma, el mundo, la vida.
No lo supe entonces, pero lo sé ahora.
Te vuelvo encontrar agazapado en mi memoria.
Duelen tus besos, tus caricias estudiadas.
Necesitabas vencer, verme mal herida, seguro te hizo bien.
Hacerme pedazos aunque fuera por un instante,
te dio fuerzas para empezar tu nueva vida.
¡Hijo de puta! ¡Cobarde!
Me jodiste la noche, me creíste vencida.
Agonizando en tu ausencia me creí casi muerta.
Si un día me ves, mírame bien, mírame hondo.
Aún bajo estas ruinas sigo en pie y sigo viva.
No te voy a maldecir pues ni siquiera eso mereces.
Puedes jurar por tus huesos que no me arrepiento,
pues lo que un día me diste te lo pagué con creces.