Sólo puedes decir que de escribir nada.
Todavía nada, sólo tienes palabras.
Palabras y más palabras.
Palabras que dices y que te callas.
Palabras que hablas, que sueñas,
que de si mismas no son dueñas.
Palabras que cantas que ocultas,
que enseñas.
Palabras que endulzan y envenenan.
Palabras que calman que queman,
que hieren que cortan que duelen.
Y vuelves al laberinto negro
de tus palabras.
Esas tontas que dicen todo y no dicen nada.
¿Y de escribir? Nada. Sólo palabras, sucias,
tiernas, locas y alborotadas.